Bandera de Artigas
Carta 3:Buenos Aires, 11 de abril de 1814Distinguida Señora Doña Mariquita Sánchez de Thompson:Más sosegado y acostumbrándome de nuevo a la rutina de mi cargo de Vocal del Tribunal de Concordia, intento cumplir con mi promesa de ser algo más explícito respecto de mi estadía en el "Continente de Entre Ríos" y, especialmente, de las impresiones tan fuertes que allí recogí, y que me han llevado al punto de dudar de mis convicciones políticas. Informada como está y preocupada por todos los asuntos concernientes al interés de la Patria, recordará Ud. que las disenciones y malentendidos entre el Gobierno de Buenos Aires y el Jefe de los Orientales, José Artigas, llevaron a éste a retirarse del sitio de Montevideo el día 20 de Enero próximo pasado. Recordará también que nuestro Director, Don Gervasio Posadas, le declaró entonces "infame, privado de su empleo, fuera de la ley y enemigo de la Patria". No puede Ud. imaginar, Señora mía, de que modo la influencia de Artigas sobre las poblaciones entrerrianas ha determinado que la opinión de sus habitantes se manifestara francamente contraria a las tendencias políticas atribuidas al Gobierno de Buenos Aires. En la Soberana Asamblea aparece un diputado por Entre Ríos -el presbítero Ramón Anchoris- que nadie sabe cómo ha sido elegido ni quién es. Además, el estado de rebeldía de las milicias vigorizaba el sentimiento popular, totalmente inclinado a seguir al jefe oriental. Finalmente, instalado el régimen directorial, Entre Ríos se pronunció por Artigas, a instancias del comandante de las milicias de Paraná, José Eusebio Ereñú, quien abandonó su comandancia para ponerse al frente del alzamiento. Hallándome en el Gualeguay, pude conocer de primera mano algunas referencias sobre el comportamiento de los jefes militares porteños a lo largo del año pasado; particularmente el terror desatado por el Coronel Hilarión de la Quintana para impedir el auge del movimiento popular. Pocos días antes de mi llegada al "Continente", había arribado desde Buenos Aires el barón Holmberg con un millar de veteranos. Pero el 22 de Febrero, Holmberg fue derrotado en el Espinillo, cayendo prisionero con todos sus hombres. No obstante las tremendas órdenes y bandos contra el "anarquista Artigas y sus bichos", Holmberg fue tratado con consideración y finalmente, el jefe oriental lo puso en libertad con los suyos. No sé si en Buenos Aires tomó carácter público la carta del militar europeo a Posadas en la que expresaba "que Artigas tenía razón". Lo cierto es que a la misma conclusión llegaba Estanislao López, un sargento de blandengues santafesinos, prisionero del Espinillo, al que conocí en la Bajada del Paraná. A esta altura de mi relato se preguntará Ud. si también yo he sido ganado por los ideales de aquellos que dicen querer "sacudir el yugo del Gobierno de Buenos Aires". Sólo puedo decirle que no creo en una unión mezquina que obliga a cada pueblo a desprenderse de una parte de su confianza en cambio de una obediencia servil; creo que el respeto de los derechos de los pueblos rioplatenses no puede considerarse como bastante a separar de la gran masa a entrerrianos, correntinos u orientales, ni a mezclar diferencia alguna en los intereses generales de nuestra Revolución. Estas son, hoy por hoy, algunas de mis ideas políticas. Gustosamente departiré personalmente con Ud. para discutirlas, o volveré a hacerlo por este medio. Sinceramente suyo.José Ignacio Gómez